miércoles, 13 de noviembre de 2013

Analya. Capítulo 2

Ilia y Ced caminaban por el bosque a la orilla de un río sin hablar mientras sus caballos pastaban no muy lejos de allí. Finalmente, ambos se pararon y miraron el río silenciosamente hasta que Ced pensó que ese silencio ya duraba demasiado.
- Bueno - dijo mientras miraba a su compañera - ¿qué te ha parecido tu decimosexto cumpleaños?
- Genial. Ha sido genial. Gracias por renunciar a la clase de hoy
- Es tu cumpleaños, Ili... reuniones como esa habrá más. Nadie te obligaría a aguantar algo que no te gusta hoy.
Sus miradas se encontraron e Ilia vio en los ojos de Ced comprensión... y un poco de reproche. Pero, ¿qué iba a hacer ella? Tampoco era su culpa que una de las cosas que más le gustaran a él fuera una de las que más detestara ella.
Habían pasado muchas cosas en los últimos 6 años. Ilia necesitó meses para conseguir tranquilizarse del todo y volver a comportarse como si nada hubiera pasado, meses en los que Ced no se separó de ella ni un solo instante. Aunque tampoco era que estuvieran mucho más separados antes.
Cuando más había cambiado todo fue en los últimos años. Ya no eran niños y el momento en el que tendrían que sustituir a sus padres se iba acercando y eso significaba que tenían que aprender ciertas cosas.
Realmente, no eran tan especiales. La mayoría de los jóvenes de su edad también habían empezado a dar ciertas clases como la lucha con espadas, algo que a Ced le había entusiasmado desde pequeño y ahora también era el mejor de su edad; mientras que Ilia se mostraba reticente a avanzar.
No era que se le diera mal, más bien se trataba de que no le gustaba. No se veía capaz de atacar a nadie y mucho menos de matar, por mucho que fuera un Zunnit.
-¿No recuerdas lo que intentaron? - solía decirle Ced - ¿No te gustaría vengarte por ellos?
-Recuerdo perfectamente. Y no llegaron a hacerme nada, de modo que no tengo que vengarme de ninguna forma.
- ¿Y todos los que han muerto en las batallas? ¿No crees que debemos luchar por eso?
-Déjalo, Ced...
- Ilia, tienes que buscar un motivo para luchar y hacerlos. Y hay varios para elegir.
- Te he dicho que lo dejes. No quiero hablar más de esto, por favor...
Esa era su típica discusión, él atosigándola para que mejorara y ella mostrándose reacia a aceptar la idea de matar a alguien. A pesar de eso, seguían apoyándose el uno al otro en todo. Por eso Ced renunció a ir a una clase especial de espada con los mejores guerreros de todas las aldeas solo por celebrar el cumpleaños de su amiga. Le habían propuesto que fuera con ella, sí, pero él sabía que no era algo que a Ilia le fuera a gustar y mucho menos aquel día.
Por fortuna, ese era el único punto en el que las opiniones de Ced e Ilia chocaban. También habían empezado a dar alguna que otra clase de magia con el hechicero de su aldea, Abraham, y a ninguno de los dos les entusiasmaba demasiado. Sí, desaparecer en un sitio y aparecer en otro en menos de un segundo puede parecer muy divertido, pero deja de parecerlo cuando te pasas días intentándolo y como mucho apareces un par de metros más lejos, cansado, mareado y con ganas de vomitar. Tal vez teletransportarse fuera más rápido, pero los caballos sin duda eran bastante más cómodos.
Habían aprendido a montar años antes y desde entonces prácticamente todos los días cogían los caballos para dar un paseo por el bosque como hacían desde pequeños.
- Ya está anocheciendo - anunció Ilia, mirando al cielo
- Tenemos los caballos, podemos quedarnos un poco más todavía - Ced sonrió un poco y abrazó a su amiga. - No te sientas mal por lo de la clase, prefiero mil veces estar aquí contigo.
Ilia sintió como se le aceleraba el pulso. No era raro que Ced la abrazara de vez en cuando, pero en los últimos meses, cada vez que Ced rozaba cualquier parte de su piel, el pulso de ella se aceleraba mientras sentía como se sonrojaba ligeramente y esperaba que él no se diera cuenta.
Se separaron y empezaron a caminar hacia los caballos con paso lento y hablando de cualquier tema sin importancia, cuando llegaron a los caballos cada uno montó en el suyo. Ya encima del caballo, Ced la miró con una sonrisa en los labios
- Te echo una carrera hasta los establos.
Y sin dejar que contestara, echó a cabalgar al galope con su caballo mientras Ilia espoleaba con prisas a su yegua para seguirle mientras reía. Cuando ambos estaban a la misma altura se miraron y un instante después, Ilia logró adelantarle y llegaron al establo.
- Te gané - dijo Ilia mientras bajaba de un salto al suelo
- Tengo que admitirlo, vas mejorando
Ilia se miró seriamente un segundo
- No me habrás dejado ganar por ser mi cumpleaños, ¿no?
- Ili... - Ced pasó un brazo por encima del hombro de su amiga - No te dejaría ganar ni aunque fuera el fin del mundo.
Entraron riéndose en el establo para dejar a los caballos en sus cuadras. Les cepillaron el pelo y les dieron un poco de azúcar, justo cuando estaban a punto de irse, una voz les llamó a sus espaldas y ambos se giraron
- Hola, July - saludó Ilia
July por su parte se acercó a ellos y acarició las orejas de uno de los caballos. Durante los últimos años su cara se había ido llenando de pecas, pero le sentaban bien con su trenza pelirroja y sus ojos verde oliva.
- Sabía que teníais que venir por aquí... siempre sois los últimos en dejar los caballos.
- Hay que aprovechar la tarde - dijo Ced sonriendo - ¿Tú has estado aquí todo el rato?
- Sí, pero Mike me ha estado haciendo compañía. Él se fue hace poco.
- Nosotros también tenemos que irnos... te prometo que mañana pasaré toda la tarde contigo - dijo Ilia, sintiéndose un poco culpable
Las amigas se despidieron con un abrazo y una sonrisa y July fue a su casa mientras Ced e Ilia caminaron hacia las suyas

- Sólo son niños - replicaba Silvanna
- Ya no. Tienes que asumir que están creciendo y necesitan aprender - respondió secamente su marido.
- Pero...
- 16 años es la mejor edad para que empiecen a adentrarse en esto - dijo Lettie y miró a la otra mujer - A mi tampoco me gusta esto, pero no hay otra opción, Silvanna
Ella por su parte suspiro y contuvo las lágrimas
- Intentaron matar a Ilia... - susurró
- Por eso es mejor que esté preparada.
Los cuatro quedaron en silencio. La decisión ya estaba tomada. Lo estaba desde hacía años, aunque eso no significaba que a todos les gustara.
En ese momento llegaron Ced e Ilia
- ¿Pasa algo? - preguntó ella, mirando a su madre, aunque esta le esquivaba la mirada.
- Venid - contestó llanamente el padre de Ced.

La reunión fue una mera introducción para ellos dos. Las cosas básicas que debían hacer y normas que debían cumplir a toda costa. Sin embargo todo tenía un significado más profundo para ellos. Acababan de dar el último paso. Aprender a luchar con espada, un poco de magia; eso habían sido los movimientos iniciales para llevarles a algo más grande como era formar parte en las reuniones que dirigían la aldea.
Cuando la reunión terminó, los dos se quedaron a solas en el desván uno al lado del otro sin decir nada. Unos minutos después Ced miró a Ilia y cogió su mano.
- Estaremos juntos. Pase lo que pase.
Tal vez no era demasiado, pero en aquel momento esa idea les proporcionaba una enorme tranquilidad.

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