Cuenta una leyenda sobre una antigua tierra en la que no había altos edificios ni carreteras y mucho menos objetos electrónicos, pero en la que la magia era algo habitual. Esta tierra se llamaba Analya.
En este lugar había una gran variedad de criaturas, pero solo eran cuatro las distintas razas pensantes que gobernaban Analya.
Los Narz eran criaturas de aspecto andrógino, que tenían tanto la piel como el cabello verde y, además de pelo, también tenían algunas hojas en sus cabezas. Sus manos eran alargadas y con hábiles dedos. Para ellos no existía nada más importante que la naturaleza y el equilibrio en el mundo. Eran los mejores cazadores de Analya ya que se fundían con el entorno en los bosques
Los Wial, seres de caras alargadas y pequeños ojos completamente blancos. Su piel es de color azul o grisáceo y el cabello largo y plateado. Su visión es bastante reducida, pero son los más sabios de toda Analya.
Las otras dos razas, aunque parecidas físicamente, eran completamente opuestas en lo demás. Eran los Zunnit y los Yalet.
Ambas razas tenían la apariencia de lo que ahora entenderíamos por un humano normal, la única diferencia estaba en que los Zunnit tenían tantos los ojos como el pelo completamente negros y los Yalet los podían tener de distintos colores.
Pero como ya dije antes, era lo único en lo que se parecían. Los Zunnit tendían a ser desconfiados y estaban todos muy unidos entre los de su propia raza, aunque no tanto con las demás. Por otro lado, los Yalet no estaban tan unidos entre ellos y por lo general eran demasiado orgullosos como para reconocer sus errores.
En un principio, estas cuatro razas convivían en paz y armonía en la Ciudad, un gran conjunto de casas, comercios y otros edificios protegidos por unas murallas. De entre todos los edificios, destacaba el del Consejo, hecho todo de cristal y estaba situado en el centro de la Ciudad. Allí se reunían los líderes de cada una de las razas y tomaban las decisiones que fueran mejores para la Ciudad.
Era un lugar plácido y tranquilo. Las distintas razas convivían y aprendían los unos de los otros. En Analya cualquier criatura tenía algo de magia en su interior y era decisión del propio individuo si quería desarrollarla o no. La mayoría apenas aprendían un par de “trucos” que les serían útiles, pero había quienes nacían con un don y conseguían dominar las artes mágicas a la perfección. Estos seres eran los hechiceros, solían vivir apartados de los demás y muy pocos sabían algo personal sobre ellos; sin embargo, eran muy apreciados en toda la Ciudad.
Todo parecía ir bien, la Ciudad parecía ser el mejor lugar en el que nadie pudiera vivir, sin embargo la paz que allí había no tardó mucho en desaparecer...
Nadie sabe exactamente como empezó todo, ni quién fue el verdadero culpable, el caso es que cada vez eran más frecuentes las discusiones y peleas entre los Yalet y los Zunnit. Peleas que fueron volviéndose cada vez más graves, quedándose marcadas en la memoria de ambas razas, aumentando su rencor.
La guerra empezó con el primer asesinato. Un joven Yalet apareció muerto una mañana en una de las plazas principales. Fue todo un escándalo para una ciudad en la que todos vivían en una supuesta paz. Sin ninguna prueba de su parte, los Yalet acusaron a los Zunnit de la muerte y ellos lo negaron repetidas veces. Los enfrentamientos se volvieron más duros y cada vez ocurrían con más frecuencia. La muerte de aquel chico solo fue la primera de muchas otras.
Finalmente, los jefes de los Narz y los Wial llegaron a la conclusión de que no podían permitir que las dos razas destruyeran la Ciudad entera de modo que les dieron un ultimátum: o abandonaban su guerra, o tendrían que marcharse fuera de la Ciudad.
No mucho después tanto Yalet como Zunnit estaban yéndose de la Ciudad. Solo quedaron unos pocos en la Ciudad, los que habían decidido dejar atrás sus diferencias para seguir viviendo en paz.
Los Zunnit fueron a la zona montañosa más allá de las murallas de la ciudad y allí establecieron un gran poblado con todos los Zunnit que apoyaban la guerra y un castillo en el que vivían sus principales jefes y soldados.
Por su parte, los Yalet prefirieron las tierras llanas y cercanas a los bosques. Allí crearon pequeñas aldeas dirigidas cada una de una forma distinta, pero todas se reunían periódicamente para ir a batallas o planear su siguiente movimiento en la guerra.
Los Narz y los Wial no interfirieron en la guerra de las otras dos razas. Lo único que hicieron fue ir cada cierto tiempo tanto a las aldeas Yalet como al castillo Zunnit, pidiéndoles a los jefes que cesaran de una vez con su, desde el punto de vista de las otras razas, estúpida guerra.
Nuestra historia empieza aproximadamente un siglo después del inicio de la guerra...
Irene ya tienes una fan <3.
ResponderEliminar¡Muchas gracias Thay! Espero no decepcionarte más tarde...
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